Cuenta la leyenda que la Esfinge era un monstruo con rostro y voz de virgen, alas de pájaro y garras de grifo. Moraba en la cresta de una montaña próxima a Tebas y descendía a los caminos para tender emboscadas a los viajeros. Les atacaba de improviso, se apoderaba de ellos, y una vez subyugados les planteaba oscuros y complejos enigmas cuyo conocimiento, según se decía, había adquirido de las musas. Si los desdichados cautivos no podían resolverlos de inmediato, la cruel Esfinge los despedazaba sin misericordia mientras permanecían sumidos en la confusión y la duda. Como quiera que no se veía fin a esta terrible desgracia, los tebanos ofrecieron la soberanía de su ciudad al hombre que lograra descifrar los enigmas de la Esfinge, único medio de conseguir su destrucción definitiva.
La magnitud de la recompensa impulsó a Edipo a aceptar el reto. Hombre de gran sabiduría y capacidad de discernimiento, aunque cojo debido a graves heridas sufridas en sus pies, Edipo presentóse ante la Esfinge lleno de aplomo y presencia de ánimo. Al preguntarle está que animal nacía con cuatro patas, pasaba luego a tener dos y más tarde tres, para, porfin terminar de nuevo con cuatro, respondió sin dilación que se trataba del hombre.
En efecto, al nacer y durante su primera infancia, el hombre se apoya sobre sus cuatro extremidades, con las que, tras esforzados intentos logra andar a gatas; más adelante, camina sobre los pies, en la vejez se apoya en un bastón, que viene a ser como una tercera pierna; y, finalmente en los últimos momentos de su vida acosado por decrepitud y sin fuerza en las articulaciones, se convierte de nuevo en un cuadrúpedo obligado a permanecer en el lecho. El descifrar el enigma, Edipo pudo dar, muerte a la Esfinge, cuyo cuerpo, cargado sobre el lomo de un asno, recorrió las calles de Tebas entre los vitores y la alegría del pueblo que aclamada al héroe como su nuevo rey.
Esta bella y prejuiciosa fábula fue concebida al parecer, como alución a la ciencia y en particular a su aplicación en la vida práctica. Dado que la ciencia provoca la más profunda perplejidad en los agentes ignorantes y sin formación, bien puede compararsela con un monstruo. Haciendo referencia a la enorme variedad de cuestiones de las que se ocupa, se representa con figura y aspecto multiforme. Se dice que tiene el rostro y la voz de una mujer, por su belleza y su facilidad de palabra. Se le añaden alas porque la ciencia y sus descubrimientos se difunden al instante por todo el mundo siendo la comunicación de los conocimientos similar en su inmediatez a la transmisión del fuego entre una vela encendida y otra apagada. Es una imagen de gran elegancia se la presenta también con garras curvas y afiladas ´porque los axiomas y argumentos de la ciencia penetran con tal poder subyugador en la mente humana que no hay posibilidad alguna de la huida o escapatoria. Ya lo dijo el sagrado filosófo. "Las palabras de los sabios son como garras y aguijones que se clavan profundamente".
Francis Bacón

Muy interesante tu historia :3 Like! jajaja
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